
Según antecedentes y documentos, y por hallazgos
arqueológicos en la zona costera de Tocopilla,
se demuestra que el poblamiento es muy anterior a 1843,
fecha tradicionalmente aceptada como el comienzo del desarrollo
del emplazamiento del puerto.
Los primeros pobladores fueron tribus semi-nómadas
de Changos, quienes subsistían de la caza del lobo
marino, la pesca y la recolección de mariscos.
Estas comunidades alcanzaron su máximo desarrollo
hacia el siglo XVI, llegando a producirse intercambios
con los pueblos agro-alfareros del interior del territorio.
Caleta Duendes (Tocopilla) fue un importante puerto pesquero,
anterior a la conquista española, junto con la
Chimba (Antofagasta), Mejillones, Alada, Cobija y Copaca,
pasaron a constituir años más tarde, al
producirse la emancipación de las antiguas colonias
hispánicas, la Provincia de “El Litoral de
Atacama”, cuya capital se asentó en el puerto
de Cobija., dependiendo administrativamente del Gobierno
Boliviano, el que gracias a gestiones del Libertador Simón
Bolívar elevó a Cobija al rango de Puerto
Mayor en 1825, con el nombre de Lamar, en homenaje al
Mariscal peruano Don José de Lamar. En esta fecha,
el área quedó circunstancialmente bajo esa
dependencia.
Se desconoce la fecha exacta en que se asentaron en la
zona de Tocopilla, los primeros foráneos, para
explorar los yacimientos de cobre y leña, abundantes
en los cerros de la cordillera litoral. Los primeros datos
concretos sobre la instalación de fundiciones y
centros mineros en Tocopilla datan de 1835, los que beneficiaban
básicamente minerales de cobre; algunas de las
minas en explotación eran Rosario, Argentina, San
Carlos, Percence, Ballema, Feliciana; y entre los más
connotados industriales que hicieron las primeras inversiones
en la minería local, figuraban los señores
Pedro Alessandri, Guillermo Billinghurst, Diego Barriolé,
Pedro Alcántara y Gana.
Extranjeros en Tocopilla
La presencia activa de variados apellidos extranjeros
en el panorama demográfico de Tocopilla, es una
de las primeras observaciones que sorprenden al viajero
que arriba a este puerto y que, después de satisfacer
su curiosidad turística recorriendo sus calles
y paseos, empieza a sumergirse en su intimidad humana
de pueblo acogedor y hospitalario.
En Tocopilla las denominaciones más comunes son
de origen británico, aunque algunos - a través
del tiempo – hayan perdido su clásica pronunciación
inglesa. Tal es el caso de los James (Yeims), Murray (Marray),
Gripe (Graip), etc. Que actualmente son pronunciados tal
como se escriben.
Resulta también interesante observar como la inmensa
mayoría de los tocopillanos de origen británico
han perdido, a través del tiempo, los atributos
raciales de sus lejanos abuelos o bisabuelos de tez blanca,
pelo rubio y ojos claros, siguiendo las leyes de la herencia
genética. En efecto, las nuevas generaciones, producto
de cruzamientos con los caracteres nativos: piel morena,
pelo negro, ojos obscuros, acusan en sus rasgos la inconfundible
estampa del chileno. De esta manera no es sorprendente
encontrar a cada paso, en todas partes, descendientes
obscuros de aquellos lejanos "misteres" que
un día arribaron a estas tierras del Norte de Chile
y anclaron su destino, después de múltiples
andanzas, para sobrellevar la vida heroica de pioneros
en las rudas faenas del salitre o en la minería
de los cerros costeños. Ahí están
los James, los Smith, los Matthews, los Brockway, los
Elliot, los Walden, los Patrickson, los Baxter, los Downing,
los Nicholls, los Jackson, los Sanders, los Gordon, los
Mery, los Grenett, los Thomas, los Folch, los Harrinson,
los Evans, los Owen, Los Harris, etc. Sin embargo, pese
a la dominancia de los caracteres nativos, algunas ramas
de aquellos flemáticos ingleses, armados de pipas
marineras humeantes, conservan todavía sus rubios
atributos. Ahí están los Horsley, los Lanyon,
los Hill, los Thompson, los Bushell, los Orchard, los
Conley, algunos Williams y otros pocos, como saldos enhiestos
de aquellos que, como otros, detuvieron su aliento en
el Norte atraídos por sus fabulosos derroteros
y la riqueza del salitre.
Pero todos ellos, rubios o morenos, perpetúan
en sus apellidos, como una especie de herencia regional,
esa sangre extranjera que viene corriendo por sus arterias
y sus venas desde que el Norte se incorporó pujante
a la historia económica de Chile.
Si nos remontamos en forma sumaria y recorremos a grandes
zancadas los acontecimientos principales de la historia
económica del puerto y sus aledaños, tendremos
una sinopsis concreta para afirmar que Tocopilla es una
encrucijada del mundo, un crisol de razas entremezcladas,
de cuya fusión han surgido un pueblo de espíritu
tenaz, organizado, luchador, romántico, audaz,
aventurero. Un pueblo que afinca en el terruño
agreste sus esperanzas de un mañana mejor, mientras
que sus hijos recorren el mundo en barcos de distintas
banderas, con las pupilas proyectadas siempre en afán
de inmensidad, de lejanía, de otros derroteros,
de otros amores; réplica exacta de aquellos lejanos
antepasados que un día cruzaron los océanos
de todas las latitudes y que al final anclaron en el desierto
o en los puertos del Norte.
Todo empieza el año 1840
En aquella época el industrial minero Mr. Charles
Wall, trajo de Cornwall, Inglaterra, el primer grupo de
mineros ingleses para trabajar en sus fundiciones de Caleta
Duendes.
Más tarde, en 1843, se efectúa la fundación
oficial del puerto, en la que interviene, como protagonista
principal, el Cónsul de Francia en Cobija, don
Domingo Latrille, quien junto con su hermano Máximo
son los añosos troncos de una histórica
familia de Tocopilla.
En 1856 se construyó el primer establecimiento
de fundición de Tocopilla que perteneció
a los Sres. Dickson – Harcker.
Después se estableció la fundición
Bellavista de José Lean y Cía. y, finalmente,
se construyó el establecimiento beneficiador de
Buena Vista de los Sres. Carne y Knukey.
Todas estas empresas patrocinadas por ciudadanos británicos
iban asesorándose por personal de confianza perteneciente
a la misma nacionalidad.
En 1870 son descubiertos los terrenos salitrales del
Toco por los ingleses Juan Forrestal y Francisco Allenk
y el chileno Juan Vargas.
En 1871, otro chileno, Antonio Barrenechea, descubre
los ricos yacimientos salitreros de Chacance. (María
Elena y Pedro de Valdivia).
En 1873 se descubre la extensa pampa del Toco, en la
intervienen el Inglés Federico James, iniciador
de otra familia tradicional de Tocopilla, y el Francés
Leonardo Dolhabaratz.
El Ferrocarril de Tocopilla al Toco fue construido entre
los años 1889 y 1890 por los ingleses Eduardo Squire
y Guillermo Sterling.
El auge de las salitreras del Cantón Toco, después
de la inauguración del ferrocarril, concentra una
activa población formada principalmente por chilenos,
ingleses, alemanes, italianos, yugoslavos, austríacos,
bolivianos, peruanos y argentinos. Y en este mundo caldeado
del salitre, los hombres se incorporan a la aridez del
desierto, dejando sus huellas y sus afanes. Algunos de
ellos echaron raíces en el Norte, otros cruzaron
fugazmente como aves de paso. Los primeros dejaron descendencia
que fue multiplicándose y entremezclándose
entre las oficinas, los puertos y las faenas mineras.
Los otros se desvanecieron a través de la nebulosa
del tiempo.
(Juan Collao Cerda, Historiador)
|